Dicen que las únicas profesiones vocacionales son la medicina y la enseñanza. Yo qué sé. No sé qué significa exactamente “vocacional” así que no entraré en esa discusión. El caso es que me encanta mi oficio. Me encanta ser quien pone voz a las marcas. Y me acuerdo perfectamente la primera vez que pensé que sería emocionante dedicarme a ello.

 

En mi casa éramos muchos. Mis tres hermanos, mis dos hermanas, mis padres y un servidor. Ocho en total. Así que cuando, después de cenar, nos poníamos a ver la tele estábamos bastante apretados en los sofás. Y yo, entre que era de los pequeños y que siempre he sido muy de agobiarme, solía sentarme en el suelo para estar más ancho.

 

Fue en la franja de prime time nocturno de algún día de entre semana de 2001. No lo recuerdo bien, pero posiblemente estábamos viendo los anuncios del intermedio de algún partido de fútbol. Yo estaba sentado en el suelo, mis padres estaban en el sofá y no recuerdo si había alguien más en el salón. Entonces vi este anuncio.

 

 

Fue exactamente esta versión, la de un minuto. Coincidí con uno de los pocos pases largos que solían hacer las marcas en aquella época al estrenar una campaña. Y me quedé simplemente alucinado. Me maravilló como aún hoy me maravilla. Me giré a ver la cara de mis padres, pero se ve que a ellos no les había impactado tanto como a mi porque no parecían haberse dado cuenta de lo que acababa de ver. ¡Menudo anuncio!

 

Más tarde supe que se había realizado en la agencia SCPF de la que tanto tenía y tengo que aprender; y tuve ocasión de conocer a gente del equipo que la desarrolló. Luego olvidé que había visto este anuncio hasta muchos años después. Cuando ya en la universidad volví a encontrar esta pieza en Youtube y recordé, como si fuera ayer, la primera vez que me quedé de piedra y pensé: ¡Cómo molaría trabajar haciendo anuncios!

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